domingo, 9 de septiembre de 2018

Murga y cacerolazo, parientes cercanos -

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domingo, 2 de septiembre de 2018

ENTREVISTA PAG.12 2003


ESPECTACULOS › ENTREVISTA A COCO ROMERO, ESTUDIOSO DEL FENÓMENO DEL CARNAVAL
“El poder le tiene miedo a la calle”

El murguista, que programó en el Rojas un mes de actividades de Carnaval, explica cómo el ingreso de la mujer, el apoyo de la clase media y del rock ayudaron al crecimiento de la murga.
Por Silvina Friera
Más allá de los decretos y prohibiciones que sufrió a lo largo de la historia, el Carnaval y las expresiones artísticas emparentadas con esta fiesta popular resisten cualquier intento de confinarlas a un espacio de expresión periférica. Por el contrario, las murgas, la parte más urbana de este complejo calidoscopio cultural, se multiplicaron, no sólo en la ciudad de Buenos Aires sino en todo el país. Sin embargo, este crecimiento no siempre se traduce en una adecuada reflexión en torno del fenómeno. Coco Romero, coordinador del área “Circo, murga y Carnaval” del Centro Cultural Rojas, decidió programar por primera vez un mes destinado al Carnaval, que comenzó ayer y concluye el próximo 8 de marzo. “Con estas jornadas buscamos demostrar que el Carnaval es un gran firmamento, en el cual la murga es tan sólo una estrella”, dice Romero en la entrevista con Página/12. “Hay un montón de expresiones, como el gaucho disfrazado del padre Madariaga, o el diablito inocente del noroeste argentino, tan válidas y ricas, pero que no son tan conocidas en Buenos Aires”. Todas las actividades se realizarán en el Rojas, Corrientes 2038.
El telón de fondo de este mes destinado al Carnaval es el octavo aniversario de la publicación El corsito, un diario de distribución gratuita que reúne material de divulgación y consulta sobre el Carnaval del país y del mundo. Entre las actividades más destacadas –todas con entrada libre– se presentarán Los Quitapenas, murga nacida hace doce años en el Rojas (formada por veinticinco bailarines, diez cantantes y siete percusionistas), que llevan editados tres discos, y hasta se dieron el gusto de participar en un recital de Divididos. Romero recuerda esa experiencia como una gran ruptura. “Cuando entramos con la murga a Obras, más de cinco mil pibes estaban bailando. En ese momento sentí que algo se quebraba, que había una energía que corría con una fuerza tan grande que rompía todas las barreras sociales”. Romero sostiene que el rock ayudó a difundir la murga. “Lo que contribuyó ‘El tu-ta-tu-ta’, de los Decadentes para desparramar la murga en el país fue tan importante que ninguna tradición oral podría haber funcionado de la misma manera”.
Los Colifatos de la Llanura, de General Villegas, presentarán una versión murguera, tanguera y trágica de la novela Boquitas Pintadas, de Manuel Puig, dirigida por Jesús Pascual. Además, se podrá ver a Culebrón Timbal, el histórico grupo que combina música, poesía, comics y video; Clowns no perecederos (espectáculo dirigido por Cristina Martí) y La fiesta de la comunidad boliviana, entre otros. También se realizarán conferencias, mesas redondas, talleres y seminarios que tendrán como temáticas el Carnaval de Oruro, el diablo en la fiesta, raíces e identidad afroargentina, la experiencia de cirujeo cultural (a cargo de Mauricio Kartún, por su colección “Archivo Mascarita”), los jóvenes, las redes y las murgas, las grandes obras musicales de la historia (“Dos carnavales, el de Schumann y el de Saint-Saëns”), rituales de la fiesta mayor, música de tambores rioplatenses, entre otros temas. “Me hubiera encantado que Pedro Orgambide estuviera con nosotros”, confiesa Romero, que organizó un homenaje para recordar al escritor recientemente fallecido. “Me había encontrado con él para hacerle una entrevista, a propósito de un cuento que él había escrito, ‘La murga’, que se convirtió después en una obra de teatro. Orgambide iba a hablar de los intelectuales y el Carnaval”.
–¿Por qué creció tanto la murga?
–La democracia trajo nuevas instancias organizativas. Nuestro centro cultural es pos democracia. La murga generó un cruce de sectores sociales. Es un fenómeno que incluye elementos que revolucionaron el género, como el ingreso de la mujer y de los sectores medios, y esto provocó una explosión. Al mismo tiempo, los grupos de rock, en mayor o menor medida, le metieron mano a la murga, desde los videos hasta la música propiamentedicha. Esto funcionó como una caja de resonancia en todas partes del país. En cualquier ciudad importante hay murgas, porque la juventud tomó ese espacio como un ámbito propio de crecimiento y expresión. No creo que exista en la Argentina un movimiento tan interesante como el de las murgas que, si bien están fuera del circuito comercial, tienen una participación colectiva muy importante.
–¿Esta participación rompe con las fronteras del barrio?
–Sí, porque la tribu urbana es movediza. El barrio, como el que había en la década del 50, no existe más. Pero para ese imaginario juvenil perdura un barrio inventado. De repente, los pibes viajan una hora para ir a un lugar donde se sienten bien, para generar un espacio que les permita expresarse y con el que se identifican.
–¿Por qué en la Argentina el Carnaval casi siempre estuvo prohibido?
–No sólo aquí. En España, Franco lo prohibió durante cuarenta años. Si sobrevivió fue por la estrategia de muchos grupos que se desplazaron, se acomodaron. El Carnaval de Cádiz pasó a celebrarse con otra fiesta popular a mitad de año y por eso sobrevivió. El poder siempre le tuvo un poco de miedo a la calle. Sin embargo, la sociedad encuentra siempre modos de regular esta censura. El carnaval, como espacio que hereda rituales antiguos, en donde el rey y el esclavo conviven en un mismo terreno, es una idea que a muchos les debe provocar un poco de urticaria.
https://www.pagina12.com.ar/diario/espectaculos/6-16508-2003-02-12.html

Las murgas porteñas vienen marchando

http://www.revistacabal.coop/actualidad/las-murgas-portenas-vienen-marchando
Revista CABAL
Las murgas porteñas vienen marchando

Febrero 2015
Las agrupaciones de distintos barrios preparan sus espectáculos y sus trajes característicos para el carnaval. Entre la tradición popular y la polémica organización oficial. Juventud y desafíos.

En algún lugar de Mataderos, una piba con zapatillas de lona salta sobre la vereda. Revolea su pie sobre el asfalto, al ritmo del bombo y el redoblante. Lo hace durante varias horas, con otros 50 jóvenes que comparten su devoción por el dios Momo. Como ellos, hay centenares de pibes y pibas que cada año se preparan para bailar durante febrero en los corsos de Buenos Aires, en los que participan decenas de murgas porteñas.
Se trata de chicos que cuidan la levita con los colores de su agrupación con tanto o más cariño que la de sus clubes de fútbol; que aprenden a coser lentejuelas solo para hacer los apliques que los distinguen de sus compañeros; que se le animan a los firuletes de colores en las caras, sobre las barbas y a la tafeta (que se arruina con la espuma) en pleno calor de febrero. Pibes que paran en la esquina, porque la murga es un fenómeno barrial, no de calzado importado ni de festivales vendidos por un portal de Internet. Una pasión que, a fuerza de saltos, ensayos y funciones de fin de semana, destroza alegremente zapatillas.


La murga porteña no siempre tiene buena prensa. A diferencia de otros carnavales, cuyo colorido se pondera, cuya trastienda se muestra por televisión, rara vez los pibes humildes de los barrios porteños tienen una cámara que los enaltezca. La única trastienda que la mayoría de la gente ve, son los ensayos en las plazas que muchas murgas hacen a partir de noviembre o diciembre. Pocos advierten el esfuerzo que supone desfilar ordenadamente al entrar al escenario de un corso, o los ensayos necesarios para que los músicos suenen como un verdadero conjunto. Luego, como siempre, hay murgas mejores o peores, que gustan más o menos. La clave, aseguran los que saben, está en otro lado.
Detrás de escena
«Nosotros estamos en pleno ensayo desde octubre, viendo qué vamos a hacer», cuenta Ricardo Talento, director de los reconocidos Descontrolados de Barracas, una de las mejores murgas locales. Pertenecen al Circuito Cultural Barracas, un referente notorio del teatro comunitario argentino, y eso influye notoriamente en su propuesta. «Nuestro proceso creativo depende de qué queremos hablar cada año, nuestra murga toma una temática y la desarrolla», explica el director. «Este carnaval retomaremos un espectáculo de hace seis años: lo estamos modificando, porque hablaba de la xenofobia, el barrio, el miedo a las migraciones y cómo eso se ha ido acentuado. Vamos a ir por ese lado», completa.
Claro que no todos los murgueros están al pie del cañón desde octubre o noviembre. «Uno por laburo o por distintos motivos, tiende a correrse o priorizar otras cosas, pero ya en diciembre empezamos a aparecer todos otra vez», confiesa Pache, como la conocen sus compañeros de los Descontrolados. «Por un lado están los ensayos y por otro el cuidado del traje», explica. «Hay murgas que se lo plantean como identidad, todos tienen levitas súper preparadas y decoradas a las que les prestan muchísima atención. Otras lo dejan librado a la individualidad de cada murguero», agrega.
Los colores se comparten porque identifican al grupo, pero los apliques hablan del murguero. Hay personajes populares (casi siempre hay algún Clemente, una Mafalda), cuadros de fútbol (en la misma murga conviven escudos de equipos rivales) y hasta logos de bandas. «El traje es el espacio donde cada uno pone lo que le gusta, por eso hay mucho amor por la levita propia», define Pache.

Los de Barracas, cuenta Talento, normalmente recién salen en la segunda semana de carnaval, ya con el espectáculo afianzado y con la organización clara. Desde la asunción de Mauricio Macri como jefe de Gobierno porteño, las murgas peleaban cada enero por su calendario. En los últimos años, los corsos se redujeron a una treintena y no hay cronograma sino hasta último momento, pero esa situación parece haberse estabilizado.
Coco Romero, historiador y autoridad indiscutida en el país sobre el fenómeno carnavalero, advierte contra esta costumbre del Gobierno porteño. «Una buena fiesta no se puede organizar sin tiempo. Las cosas acá aparecen, pero para que funcione realmente bien, tienen que tener un tiempo de preparación», señala. «El resultado es que los carnavales de la ciudad no tienen mayor visibilidad, compiten con otros más organizados y estructurados», concluye.
Romero compara la estructura de los corsos porteños con las comparsas de Gualeguaychú, las murgas montevideanas y las megaproducciones de Río de Janeiro, tres espacios cercanos que funcionan muy bien para la industria turística y cultural. «Son fenómenos carnavalescos que han tenido un sistema de concursos importante», señala. Y lamenta que muchas murgas porteñas se queden en su función social, sin reparar en la importancia de sumar una propuesta artística. «A esta altura del partido, alguien canta bien o canta mal», critica. «Si no pasa que premiamos con un cachet importante a un grupo de afuera porque lo hace bien, pero no fomentamos a nuestros jóvenes a que lo hagan correctamente», sostiene. Romero es tajante: dejar las cosas para último momento perjudica la calidad del festival y menosprecia el esfuerzo de miles de jóvenes que se preparan con antelación para –en muchos casos– la única ocasión que tendrán de ser vistos como artistas por sus vecinos.
Cultura de la calle
Por sus características populares, la murga atrae a un montón de jóvenes y niños que rara vez encuentran un lugar en otras expresiones artísticas. Con su sede ubicada a cuadras de barrios carenciados, los Descontrolados suelen recibir a chicos humildes en sus filas. «A nosotros se acerca un sector del barrio que no viene para hacer teatro, un sector que con la murga sí se siente con derecho a participar», comenta Talento. En la murga –que al cabo cruza música, poesía, plástica y danza– muchos descubren otros intereses y luego se incorporan al teatro u otros espacios culturales del barrio.
«El arte sirve para la inclusión social», asegura Pache. «Pero la murga es más accesible, porque es la menos elitista: es una expresión de la calle, nace y se produce ahí. Entonces es mucho más fácil identificarse», dice. Murga, promete a los futuros húsares de Momo, baila cualquiera. «En los talleres uno busca transmitir eso: más allá de la técnica, de que tenemos que buscar un proyecto de calidad, murga podemos hacer todos. No hay casting previo. Y eso es inclusivo».
El murguista también pondera la solidaridad que se genera puertas adentro de cada agrupación. «¿No sabés coser un aplique? Alguien te enseña, te ayuda. Eso surge de la necesidad y de la obligación de compartir espacio con otra persona, de tener un mes al año donde prácticamente convivís entre ensayos y funciones. Hay murgas que incluso tienen la suerte de viajar y conocer otros lugares, eso te lleva a conocer otras realidades y siempre construyendo un proyecto conjunto, que te hace sentir parte de algo. Hoy por hoy, no es algo menor».
Para Romero, en tanto, la murga debe superar su mera función de espacio para desahogar penas y frustraciones. Al cabo, se trata de un hecho artístico. Algo que para él resulta tan claro, no es visto del mismo modo por otros exponentes del sector. De hecho, entre las agrupaciones hay desavenencias y distintas miradas de cómo debe ser una murga y cómo plantearse ante el hecho artístico. «La murga es de los jóvenes, de los pibes que van y ensayan con todas las pilas, más allá de algunos empedernidos», destaca Romero. «Esos jóvenes tienen que encontrar ese interesante lugar creativo. Y ahí hay una responsabilidad muy grande de nosotros, los veteranos, de convertir esa voluntad en un hecho creativo. Si solo es utilizada como contención social, la patinamos. Hay que tender puentes con la expresión: bailar, cantar, escribir».
En sintonía con Romero, Pache admite que la «murga es un espacio de contención y es buenísimo que lo sea, pero no podemos quedarnos en eso. Porque, al mismo tiempo, somos una expresión artística popular y tenemos que estar a la altura», desafía. «Si no vamos a seguir siendo eternamente el género bastardeado, al que nadie le presta atención porque parece que no hay nada bueno para ofrecer», subraya.
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Andrés Valenzuela
Nota reproducción de Acción Digital Nº 1162

Los Caballeros del Caño en la Recoleta, 1989





viernes, 31 de agosto de 2018

Cafe Cultura 2006 Mercedes Bs.As.

01/09/06
"Coco" Romero, mano a mano con las murgas
El profesor y director de la revista "El corsito" compartió una charla con algunos de los protagonistas del carnaval mercedino. Describió los orígenes del fenómeno y su circunstancia actual. El ciclo sigue con el actor "Coco" Silly.


"Yo puteaba y de repente de tanto trabajar un día la cosa se armó", confesó Romero.
Este jueves por la noche el encuentro con Coco Romero en el espacio del ciclo Café Cultura fue muy provechoso y una buena cantidad de mercedinos se acercaron hasta "El Limonero" para escuchar las enseñanzas de este maestro con respecto al carnaval y al fenómeno de la murga en particular.
Coordinada por el licenciado Angel Rutigliano (psicólogo y uno de los animadores del carnaval mercedino de parte de los "Lesionados por el corcho") la charla con Romero fue muy jugosa y permitió que se produjera un pequeño debate sobre el rol de las murgas en la sociedad mercedina.
En la sala de "El Limonero" estuvieron también los integrantes e impulsores de "Ilusión Murguera", quienes venían de organizar el segundo encuentro de murgas en Mercedes y también compartieron la experiencia con este docente del Centro Cultural Rojas que llegó a la ciudad con el auspicio de la Secretaría de Cultura de Nación, dependiente de la Presidencia, y el Honorable Concejo Deliberante.
Romero trazó varios senderos en su conversación, entre ellos anduvo por los orígenes de la murga porteña, hacia finales del siglo XIX y principios del siglo XX, e incluso participó de la discusión sobre la importancia de las murgas en Mercedes. "Nosotros le damos importancia porque la queremos y porque vivimos dentro de la murga. Hemos logrado cosas a base de pelea y tira y afloje, pero es difícil", estimaron los integrante de Ilusión Murguera. "No hay una cultura Murguera", coincidió "Coco": "Yo hace 20 años que trabajo en el Rojas, tardó en entrar mucho este fenómeno. Yo puteaba y de repente de tanto trabajar un día la cosa se armó. Hay una energía: si uno está conciente de lo que está haciendo y sigue laburando, siembra una semillita y de repente aparece el árbol. No hay que aflojar bajo ningún punto de vista. Es importante la cultura de las comparsas y la murgas, que son un dispositivo más flexible, que permiten plantear un tema, expresarlo, verbalizarlo y cantarlo", señaló entre otros conceptos.
En el encuentro también se repartió la última edición de la revista "El corsito" que Romero edita en el Rojas. En tanto, entre otras cosas que hacen a la cultura carnavalesca local, se recordó el diseño del artista Carlos Coviello con sus estampillas de carnaval, algo que "a veces perdemos de vista", según dijo el coordinador de esta charla, Rutigliano. "Yo había visto una obra de Coviello, y entonces como tengo mucho material le expliqué que era Momo y sacamos cuatro versiones", dijo Romero.
El visitante también destacó entre los aspectos culturales que hicieron en los últimos tiempos de la murga una cuestión popular, la participación de los grupos de rock en el fenómeno murguero. En este sentido nombró a Los Decadentes, Los Fabulosos Cadillacs y citó, sobre todo, al disco "Momo Sampler", de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, como el gran difusor de la movida Murguera entre los pibes de todo el país.



¡Que no se calle el del bombo...! Monica Lopez Ocon

https://www.tiempoar.com.ar/nota/que-no-se-calle-el-del-bombo
¡Que no se calle el del bombo...!
Tantas veces bastardeada, nacida en la calle, condenada al silencio por gobiernos autoritarios, despreciada por provenir de los estratos populares, la murga porteña es no solamente el símbolo de la fiesta pagana del Carnaval, sino también un muy contagioso grito de rebeldía. Un breve recorrido por un género que habla de nuestras raíces.Por Mónica López Ocón
10 de Febrero de 2018
Grupo de músicos callejeros que interpretan canciones satíricas en los carnavales", dice el diccionario de la Real Academia Española (RAE) en la segunda acepción de la palabra murga. En la primera, señala, además, que se trata de "una compañía de músicos malos". Sin embargo, la murga fue y continúa siendo emblema del carnaval, una fiesta cuya esencia tiene que ver con la rebelión contra los poderes instituidos, con el cuestionamiento de la organización social.
En su libro El carnaval en Buenos Aires (1770-1850). El bastión sitiado, Romeo César señala que en tierras sudamericanas el Carnaval fue "la fiesta por excelencia. Una fiesta 'pagana' atada al calendario litúrgico; una fiesta de todos festejada en especial por las mujeres; una fiesta inter y multiétnica, en la que se amalgamaron elementos europeos, indígenas y africanos de las más diversas procedencias". El autor señala otro rasgo significativo: "Ha sido la fiesta sobre la que recayó la mayor cantidad de reglamentos, controles, censuras y malos entendidos; y cuya celebración, desde el siglo XVIII en adelante, haya sido prohibida en más oportunidades que la de cualquier otra festividad y por los más distintos (y aun enfrentados) regímenes políticos".
No es casual, por lo tanto, que la dictadura cívico-militar haya suprimido los festejos y feriados de carnaval por el decreto 21.329 y hayan sido sobre todo los murgueros quienes reclamaron y lograron su restitución durante el gobierno anterior. Pero tampoco es casual que la murga porteña sea menospreciada por ciertos sectores de la sociedad que la ven como una expresión vulgar y chabacana, y que se la considere la hermanita pobre de otras murgas argentinas más glamorosas que tienen una fuerte influencia de las comparsas de Brasil. Sin embargo, es la murga porteña la que cuenta nuestra historia, la que incorporó la crítica social y política como marca de identidad y la que se asume como expresión popular por antonomasia. Dicen que para muestra basta un botón y el siguiente ejemplo lo corrobora. En octubre de 1999 los restos del padre Carlos Mugica, asesinado por la Triple A el 11 de mayo de 1974, fueron trasladados desde el Cementerio de la Recoleta a la parroquia Cristo Obrero de la Villa 31 donde ejerció su misión sacerdotal. Quien dio la misa una vez que el féretro transportado a pulso por los integrantes de la villa llegó a ella fue Jorge Bergoglio, y la celebración del regreso estuvo a cargo de una murga, Los crotos, dirigida por Félix Loiácono. Fue precisamente esa murga la que inspiró la formación de otra en el seno mismo de la villa: Los guardianes de Mugica.
Ariel Prat, que define su arte como "tango y milonga de corte murguero", resume muy bien el derrotero que siguió esta expresión popular en el país. "La Murga Argentina, bautizada particularmente como 'Porteña' –dice en De este lado del Plata, una compilación de cantos de la Murga Argentina realizada por él-, debe ser el secreto mejor guardado aunque peor cuidado de la cultura popular y musical de la Argentina. En los últimos años se ha extendido notablemente en todo el territorio nacional (con particular fuerza desde el retorno de la democracia) con sus variantes locales en algunos casos, pero conservando rasgos distintivos, sobre todo en el baile y en el vestuario. Entre ellos se destaca el instrumento 'estrella': el bombo murguero, esencial para entender el mestizaje de lo afro-argentino con el folklore aportado por la inmigración europea de mitad del siglo XX en adelante. A partir de 1955, con la irrupción de la 'Fusiladora', los festejos populares –entre ellos el carnaval– sufrieron una marginación evidente y sistemática reforzada por la supresión de los feriados festivos del carnaval ya con la dictadura cívico-militar del '76. En tales circunstancias, la expresión por excelencia del carnaval metropolitano –que fue y es la murga– quedó sepultada e invisibilizada como tantas otras expresiones populares siguiendo la penumbrosa ruta de aquella 'historia negada' de nuestra afro-argentinidad bajo la concepción 'mitrista' y 'sarmientina' de lo que debía ser nuestra Nación. Al empobrecerse por marginada y al convertirse sólo en vehículo de diversión con formato de desfile, prohibidas o censuradas en algunos casos las letras y el mensaje, la murga pasa a ser doblemente ignorada por los sectores populares de izquierda y por los de la derecha". Según lo consigna Prat, la murga porteña desciende de la vieja comparsa negra "paulatinamente blanqueada" y del candombe criollo, conocido como guariló.
Los brillantes trajes murgueros provendrían de los esclavos que, abolidas las jerarquías sociales durante el período del carnaval, habrían tomado los elegantes fracs de sus amos y los habrían dado vuelta para no mancharlos, mostrando de esta forma el forro de seda al que le agregaron múltiples ornamentos. Por su parte, el baile sería una imitación de los efectos que produce una borrachera o el mareo generado por un largo viaje en barco desde África hasta las tierras del Río de la Plata. Sobre estas y otras cuestiones murgueras hay diversas teorías, pero si alguna certeza hay es que en el corazón mismo de la murga late siempre la rebeldía y que su ámbito es la calle, el espacio público, que como la mayoría de las cosas en este momento, es cada vez menos público y más privado. «

"La murga es un diamante en bruto y requiere mucho trabajo"


Si hay alguien que hizo mucho por salvaguardar y enriquecer la murga fue Coco Romero. Y lo hizo no sólo con la incorporación de una estética murguera a su propia música, sino también desde la enseñanza de esta expresión popular en los talleres del Centro Cultural Ricardo Rojas. Allí se gestó, hace más de un cuarto de siglo, la murga Los Quitapenas que, nacida en un ámbito de enseñanza, fue inspiración de una serie de otras murgas. Además, la investigación sobre sus orígenes y desarrollo les dio a las nuevas agrupaciones murgueras un nuevo impulso. Pero la influencia de la murga va más allá de la murga misma. Varios son los artistas y grupos que la incorporaron en sus propias creaciones. Este fenómeno, junto con las presentaciones en lugares cerrados y fuera del circuito específico del carnaval, la convirtió en una expresión presente durante todo el año. Alejandro Del Prado es un gran referente de la canción con influencia de murga porteña. En el mismo sentido se puede mencionar a Juan Carlos Cáceres –un estudioso de la influencia de la negritud en la música porteña–, a Omar Giammarco, a Flavio Cianciarulo, bajista de Los fabulosos Cadillacs que editó un disco, Cachivache (2004), en el que hace honor a su pasado murguero. También la Bersuit incorporó exitosamente alguna canción perteneciente a este género.
Lo mismo puede decirse de Los piojos, Los auténticos decadentes y de Amores tangos, entre otros.
"Nosotros –afirmó Coco Romero en una entrevista– somos canales que resignifican y revaloran ante el hombre contemporáneo ideas que vienen del pasado y de sus tradiciones. Esto tiene un entramado comercial y un entramado espiritual. Yo me he metido en este último. La murga me gusta como género musical por lo que deseo que mucha gente le dé valor para que crezca. Me gustaría que la murga fuera como el tango. Imagino el panteón del tango, desde Villoldo a Piazzolla, en donde miles de artistas trabajaron para que esta música crezca. Sueño con las miles de personas que pueden aportar su granito de arena para que la murga también se convierta en un género reconocido. Pero para lograr esto hace falta muchísimo trabajo, estudio e investigación. Es como cuando los escultores dicen que la figura ya está en la piedra, pero para llegar a ella hay que usar el cincel y el martillo. La murga es un diamante en bruto, y para que se convierta en un verdadero diamante hay que trabajar mucho".
Murga porteña en Venecia
Gustavo Mozzi, actual director del C.C.Kirchner y músico que aborda los géneros populares porteños (como la murga) con un alto nivel de sofisticación, estaba en 2006 al frente de talleres de composición de música popular del C. C. Rojas y fue invitado a participar del Carnaval de Venecia. “En la Plaza de San Marcos compartimos el cierre con el quinteto Tango Extremo. Sandro Brezzanello junto con María Pantuso. Me convocaron para que armara un cierre del Carnaval de Venecia con música de Buenos Aires. Me pareció que sería interesante abrirlo con tango y cerrarlo con murga. Un remix de temas de mi disco Matiné, o sea que se armó una especie de rave murguera. Y proyectamos imágenes del carnaval de La Boca y de diferentes murgas, como Cometas de Boedo o Los fantoches de San Cristóbal. Unas 30 mil personas terminaron bailando rumbo al Gran Canal detrás del bombo con platillo. En medio de La Comedia de Arte y las máscaras venecianas que tienen tanta historia, la murga porteña resultó una experiencia surrealista. Y generó otro tipo de intercambio: el director del Carnaval estuvo en Buenos Aires y hasta se pensó en la posibilidad de hacer un Carnaval de Venecia aquí.” La de Mozzi no es una experiencia única. Goethe afirmó: "El carnaval es una fiesta que nadie le otorgó al pueblo, sino que el pueblo se dio a sí mismo."
Avellaneda sube la vara en el festejo del carnaval
Del otro lado del Puente Pueyrredón arranca este fin de semana un carnaval que se extenderá por ocho fechas consecutivas, hasta el 25 de febrero, con una oferta que combinará recitales al aire libre, espectáculos circenses, y el desfile de 33 murgas locales y de distintas localidades del con urbano.
El centro de convocatoria será el Anfiteatro Hugo del Carril, de Parque Domínico (Av. Mitre 500) y todas las actividades, organizadas por el municipio de Avellaneda, tendrán entrada libre y gratuita.
La fiesta popular incluye una programación que tendrá como figuras a La Delio Valdez, el 17 de febrero, y Miss Bolivia, que ofrecerá su recital el 24 de este mes.


Tras la importante convocatoria que tuvieron los festejos de 2017, la comuna se propuso duplicar la propuesta para los Carnavales 2018. «

2009 Taller de murga Chilicoy Bs. As. Cruz Roja