martes, 17 de mayo de 2016

Coco Romero "La estética murguera se desparramó gracias a los grupos de rock" Rev: Picadero 2001

CARNAVAL

El carnaval se celebra de maneras muy diversas en las distintas ciudades del país. Las tradiciones culturales se imponen con fuerzas a la hora de adorar al Rey Momo. En esta pequeña producción asoman dos buenos ejemplos,  el de Capital Federal y el de Corrientes, quizás uno de los espacios más emblemáticos a la hora de este festejo.

Coco Romero 
La estética murguera se desparramo gracias a los grupos de Rock”
Mauro Apicella desde Capital Federal revista Picadero febrero 2001


Los inmigrantes españoles, las comunidades barriales y hasta los rockeros, han encontrado y encuentran en la murga una expresión de libertad, que año a año, no solo va profundizándose, sino además busca perfeccionar su técnica. 
Si algunos libros de historia destacan los bailes de carnaval en la época del virreinato, y dicen que en 1869 se realizo el primer corso oficial. Porque en el siglo XXI llama tanto la atención la presencia de la festividad del Rey Momo en las calles porteñas.
Para empezar, se pueden reunir algunas cifras y hechos; Una década atrás la ciudad tenía 10 murgas y hoy cuenta con más de 100; en 1997 estas agrupaciones fueron reconocidas como patrimonio cultural de la ciudad mediante la ordenanza nº 52.039 y se creó la Comisión de Murga del Gobierno de Buenos Aires para promover las actividades de Carnaval. Este año, el carnaval fue protagonizado por cerca de 10 mil adeptos en 50 corsos barriales.
Mientras tanto, las asociaciones murgueras intentan devolver a esta fiesta popular el lunes y el martes de feriado nacional, suprimido en 1976 por la última dictadura militar, a través del decreto 21.329.
Pero la prohibición no es la única culpable de que el carnaval quedara reducido a una minina expresión barrial durante un par de décadas. Porque para hablar de prohibiciones sobran los antecedentes, algunos tan lejos como cuando el Imperio Romano se convierte al cristianismo. En aquella época se intentaron abolir las mascaras por ser consideradas inspiración del Diablo. Otro caso (solo por mencionar un par) es el Virrey Vértiz, en el Rio de la Plata, quien en 1771 restringió los bailes a lugares cerrados para evitar los escándalos que provocaban los negros en la calle. Sin embargo las mascaras y los bailes de los negros sobrevivieron. Para profundizar un poco más en el alcance de la censura y en el aparente resurgimiento del carnaval porteño vale la pena conversar con un especialista como Coco Romero, músico, director de la revista El Corsito y coordinador de los talleres de Culturas Populares del Centro Cultural Ricardo Rojas, un espacio que hace quince años se convirtió en semillero de agrupaciones locales.
La gota que faltaba
Primero me detendría en los distintos segmentos de lo cultural para ver que visión han tenido de la Cultura del pueblo-comienza Romero-.Hay un ejemplo que siempre menciono: 
Caetano Velloso desfila en una Escola de carnaval. Entonces: ¿Que paso con los intelectuales y los artistas, o con la gente que tenía el teatro del pueblo a la vuelta de su casa y fue a tomar clases al centro? También hay que estudiar el pensamiento. Porque a partir de la década del cincuenta los sectores llamados progresistas fueron bastante crueles con el festejo del pueblo”.
Según Romero, la prohibición del carnaval era “la gota que faltaba”. Quizás una de sus principales efectos sea el vacio que genero sobre esta expresión popular. Pero también asegura que las murgas nunca dejaron de salir a la calle: Hay mucho de leyenda en esto”, aclara.
A dos décadas y media de la intervención militar, el investigador prefiere no cargar las tintas sobre “la estocada” del decreto Nº 21.329.Creo que hay que ponerlo en el contexto histórico .Porque el Golpe Militar prohibió muchos feriados. Y más tarde cada sector afectado pidió que se los devolvieran. Pero el carnaval no tenía fuerza para reclamar su espacio”.
La expresión teatral
En los cursos y talleres del Rojas se presenta a la murga como una  “Teatralidad popular emergente de la cultura urbana, en sus códigos verbales, no verbales y símbolos”. Una definición que puede resultar llamativa para aquellos que reniegan de algunos vínculos evidentes.
El origen de la murga se les adjudica a los gaditanos. Pero a Buenos Aires entro con los grupos de zarzuela. Cuando vino el aluvión inmigratorio los teatreros sabían que llegaban al Rio de la Plata con un público que los esperaba, porque todos sus paisanos estaban acá. La información más clara esta en el Uruguay porque la primera murga se llama La gaditana que se va. Aunque la estructura llega de manos de los teatreros, en la Argentina es un fenómeno del que no se tiene mucha información .Pero, esencialmente, el  disfraz, el canto y la puesta en la calle genera un espacio escénico. Allí concluyen todos los ingredientes relacionados con el arte teatral.”
-Romero, ¿no le parece que se la considera una expresión disociada del teatro? quizás por eso llamo la atención cuando aparecieron elementos de la murga en el teatro callejeros.
-Lo que sucede es que hasta la década del sesenta la murga fue colocada en un margen. Son contados los músicos y los teatreros que se metieron en la murga. La película Mocosos y Chiflados es un ejemplo. Allí el realizador Eduardo Mignogna  da en la tecla porque escenifica la idea que se tenía hasta el momento. Con la democracia se genera un movimiento incipiente. Aunque todavía hay grupos tradicionales de murga que reniegan del  teatro. Y los que no son tradicionales se presentan como teatro-murga, coral murga, porque todavía no encuentran esa unión que mucho depende del tiempo.

“La murga propone una asociación libre, en el barrio, con teatralidad y canto, con ese desparpajo del movimiento y la expresión constante en el decir “

-¿Del tiempo o de investigar un poco? 
- De las dos cosas .Creo que hubo una pared que fue tapada y siento que este momento es interesante porque la juventud participa, y porque no hay una difusión dirigida. La murga crece sin ningún tipo de aparato. Está hecha por los pibes, no por la municipalidad.
-¿El apoyo del estado no es un buen incentivo?
Cuando los oficia listas de ahora eran opositores apoyaban mucho más. Este año la programación de los corsos fue difundida dos días antes. Y muchos no tenían sonido. Por eso la organización de los grupos otorga un espacio de respeto. El crecimiento artístico es la etapa que tiene que venir.
-Para muchos jóvenes ¿la murga, es una moda’?  
La estética murguera se desparramo en todo el país gracias a los grupos de rock de gran convocatoria. Fueron pequeños matices, pero han servido para mostrar gestualidad, baile, desparpajo. Hace cinco años fuimos con Los Quitapenas a abrir los recitales de Divididos en el Estadio Obras, y cuando cruzamos entre la gente nos dimos cuenta de que se venía el tole tole. Porque esos miles de pibes bailaban murga. EL “estado murga “corporal ha tenido una seducción muy grande. Y por supuesto, en semejante movimiento también hay algo de moda.
-¿Que otros elementos se suman o vuelven a la murga?  
Se suma la incorporación de la mujer. Porque la murga fueron estructuras machistas y ahora la mujer tiene gran participación y le da un gran aporte. Por otro lado, la recuperación del parche como sentimiento de grupo hacia algo propio, fuera de otros ámbitos, como la manifestación política, por ejemplo. Y, por último, la murga propone una asociación libre, en el barrio, con teatralidad y canto, con ese desparpajo del movimiento y la expresión constante en el decir. Esto es lo que han tomado los grupos del Rock. Creo que la frutilla en ese postre la ponen Los Redondos con su Momo Sampler, con la concurrencia a esa murga que viene, con ese carnaval de las almas y un terreno espiritual. Porque cuando hablas con los pibes, la idea del Momo, esta deidad de la crítica, va generando discursos poéticos interesante. Hoy todas las murgas cantan: hay por lo menos trescientas canciones que no se reproducen porque no están adentro de los mecanismos de la producción cultural. Y hay cien murgas y la gente tiene cien posibilidades. Yo le diría a la gente que, si tiene una murga a la vuelta de la casa, se acerque. Lo digo porque el folclore barrial es divino. La estética del carnaval se aprende y se divulga en la calle. Y el trabajo que hacemos en el Centro Cultural va mucho más allá del taller. Nosotros ahora ofrecemos información y buscamos amplitud. Así se pueden lograr cosas como la obra Los indios estaban cabreros, de Agustín Cuzzani, que se monto en el Teatro Nacional Cervantes. La pieza incluida una cuarteta de murga de la década del cuarenta. Rubén Pires, el director, decidió armar una murga de actores, y los resultados fueron impresionantes. Bienvenidos todos los trabajos en el campo del teatro porque son cajas de resonancia para los murguistas.
¿Por qué se acercan los actores a la murga?
Creo que es porque se va recuperando el género. En la murga esta el cuerpo, el baile y el canto. Cuando hicimos el casting para esta obra nos encontramos con gente que no podía bailar. Y eso que la murga tiene una danza muy libre. Lo importante es que la información baje porque es una expresión que no tiene un aparato de difusión. Eso me gusta. Hoy te encontrase con los grupos que buscan la tendencia del canto, los tradicionales que mantienen el color, algo importante y necesario, y también se ve una renovación natural.
-Recuperar el feriado de carnaval es importante solo si existe una base solida para aprovecharlo.
-Claro. El movimiento es grande, por eso el municipio tiene que poner mucha energía. Para esto hay que comenzar a trabajar mañana .Porque el carnaval es una puesta en escena que no se puede amar en un día...


Teatro abierto, un buen punto de partida
El murguero, músico e investigar  Coco Romero  recuerda la quema del  teatro El Picadero, en 1981, como un ejemplo “emblemático” de la movilización artística en los años del proceso.-en El Picadero se realizo la primera edición de Teatro Abierto. Participaron 21 autores y 21 directores y el tema que desarrollaron metafóricamente fue el de la opresión, algo que molesto al gobierno de facto--.Luego del incendio del Teatro se hizo un cortejo hacia el Parque Lezama para quemar la censura. Fue gente del Teatro, del circo, las murgas. Ahí hubo algo que termino de cerrar en mi cabeza”, recuerda. En esos años Romero participaba en un grupo musical;”Hacíamos Murgas. O sea que eso estaba latente, como un elemento que nos seguía”. Luego llego el video de Mignogna, Mocosos y Chiflados y su admiración por murgas como los Mocosos de Liniers, que resistieron a los años en que el carnaval se mantuvo es un estado de letargo.

En 1968, junto a Ricardo Santillán Güemes realizo un seminario de dos meses, Murga, fiesta y  cultura, con varias agrupaciones porteñas en el Centro Cultural Rojas. Desde entonces, allí instalo su centro de investigación y producción murquera. De sus talleres salió más de una docena de murgas que hoy animan los carnavales de la ciudad. “Fueron varias, quizás Los Quitapenas es la más importante. La gente vio ese trabajo, pero ahora nuestro objetivo es dar información y ser lo más amplios posibles. La murga tiene una energía muy fuerte en su espacio espiritual y mítico”, asegura.       

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