COSTUMBRES Dale, agarrame saltando Una viaje al interior de las murgas porteñas para desentrañar lo que hace único al carnaval de Buenos Aires. 27 de febrero de 2017 Por GUIDO PIOTRKOWSKI Una chica elonga, acostada sobre el pavimento. Su galera, que reposa a un lado, y su levita verde, blanca y violeta resplandecen bajo los faroles de una ciudad que en febrero, si no hierve, se empapa con los chubascos de las tormentas veraniegas, el terror de los murgueros. Si hay lluvia no hay desfile, si no hay desfile no hay carnaval, si no hay carnaval, no hay alegría. Arriba del escenario se entonan canciones picantes, contestatarias. Con el humor como estandarte satirizan políticos, hacen trizas al poder. Y ante un público heterogéneo, cantan lo que se les canta. Detrás de las vallas están los que aplauden a rabiar y los que miran con indiferencia, los amigos y familiares. Y nunca falta la señora indignada que se queja de que le cortaron la calle, del ruido, de que la música y bla bla bla. Cada ...