Yo digo Revista Viva febrero 2005 Enero 2005 Yo digo Alegres mascaritas El disfraz disimula, se desprende de su yo habitual y se hunde en ese mundo extra cotidiano, para espantar el miedo, ocultar el verdadero ser para actuar como otro, despistando, se sumerge en las aguas festivas del derroche y la alegría, liberando lo ridículo y lo grotesco. El disfraz no tiene distinción de edad ni tiempo, la niña viste ropas de abuela, o el hombre luce pañales de bebé. La historia ha dejado las figuras antropoides de la edad de piedra, los coros de actores disfrazados de ranas o pájaros para las comedias de Aristófanes o gigantes del reino fantástico y diabólico. En Buenos Aires desde la década del 30, por medio de edictos y prohibiciones varias, se fue perdiendo el carnaval en la calle y también el disfraz . Nuevas costumbres sociales lo fueron desplazando. Las modas impusieron lo suyo, a fines de los 60 ya se hablaba del carnaval cotidiano. Los jóvenes ganaban un lugar oficia...