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domingo, 19 de julio de 2026
sábado, 18 de julio de 2026
2004.EL GESTOR CULTURAL. COCO ROMERO: EL ARTE DE IR ENCONTRANDO- Pág. 216-227 (Fragmento) Por Ricardo Santillán Guemes
EL GESTOR CULTURAL
Ideas y experiencias para su capacitación (2004)
Editorial CICCUS
Compiladores Ricardo Santillán Güemes y Héctor Ariel Olmos
El arte de ir encontrando Compiladores Ricardo Santillán Güemes y Héctor Ariel Olmos
Por Ricardo Santillán Güemes. Pág. 216-227
Este texto presenta una entrevista realizada por Ricardo Santillán Guemes a Coco Romero, un artista polifacético que ha dedicado su vida a la revalorización del carnaval y la murga en Argentina. A través de la conversación, Romero reflexiona sobre su trayectoria como músico, docente e investigador, rechazando etiquetas formales para definirse como un hacedor impulsado por la intuición y la autogestión. El contenido destaca su labor en el Centro Cultural Ricardo Rojas, la creación del boletín informativo El Corsito y la formación de un archivo histórico fundamental sobre la cultura popular. Asimismo, se explora la dimensión pedagógica de su trabajo y su capacidad para articular saberes colectivos mediante la integración de la música, el teatro y la antropología. El relato subraya la importancia de los viajes y el intercambio cultural como motores para profesionalizar expresiones artísticas que nacen de lo no formal. Finalmente, la fuente describe el carnaval no solo como una fiesta, sino como una gramática social y un proyecto de vida en constante evolución.
Por Ricardo Santillán Güemes
Decir Coco Romero es decir Carnaval, lo que no es poco. Por su música y su quehacer como artista pero, además, por haber sido el ideólogo y el ejecutor de múltiples proyectos de re-valorización y actualización creativa de ese universo tan rico y tan complejo así como de otros siempre relacionados con la cultura popular y alternativa. Es un gestor que, a nuestro entender, ha sabido articular lo intuitivo con la rigurosidad. Por todo esto, y mucho más, fuimos a entrevistarlo en uno de sus lugares de trabajo: el Centro Cultural Ricardo Rojas.
Leyendo tu frondoso currículum vi que pones “músico, docente, investigador…” y no tenes un ítem dedicado a la gestión cultural. Esto realmente me sorprendió. A pesar de todo lo que pariste y produjiste más allá de lo específicamente artístico ¿vos no te consideras un gestor cultural?
EL ARTE DE IR ENCONTRANDO: PAG. 216 a 232.
Decir Coco Romero es decir Carnaval, lo que no es poco. Por su música y su quehacer como artista pero, además, por haber sido el ideólogo y el ejecutor de múltiples proyectos de re-valorización y actualización creativa de ese universo tan rico y tan complejo así como de otros siempre relacionados con la cultura popular y alternativa. Es un gestor que, a nuestro entender, ha sabido articular lo intuitivo con la rigurosidad. Por todo esto, y mucho más, fuimos a entrevistarlo en uno de sus lugares de trabajo: el Centro Cultural Ricardo Rojas.
Leyendo tu frondoso currículum vi que pones “músico, docente, investigador…” y no tenes un ítem dedicado a la gestión cultural. Esto realmente me sorprendió. A pesar de todo lo que pariste y produjiste más allá de lo específicamente artístico ¿vos no te consideras un gestor cultural?
COCO ROMERO: – La verdad que no. Nunca utilicé el término y pensándolo bien obedece antes que nada a que me fui desarrollando intuitivamente. Toda mi formación puede verse como una gestión constante. La tengo internalizada como una parte de mi proyecto de vida y nunca la pondría como una especialidad. Me siento mejor haciendo música que es la actividad que más tiempo me acompaña. Creo, además, que el término está asociado a las nuevas tendencias en el tema. Cuando era joven si no gestionábamos nuestro arte moríamos de pena; recuerdo en los años de estudiar bellas artes en la Belgrano que entre los más entusiastas decidimos tomar clases con Abraham Haber, que de hecho era nuestro profesor de arte, los sábados a la mañana lo que significa que nos gestionábamos el saber más. Y así entraban en nuestra sensibilidad mundos nuevos, como “el espíritu del pan”, que antes de conocer a este maestro nunca se me hubiera ocurrido. Hace un tiempo creo que un alumno tuyo me hizo un reportaje donde me tomaba como gestor y la verdad es que esa fue la primera vez que me asociaban con esta temática. Quizás alguien que lo ve desde afuera lo pueda catalogar así pero a mí no se me ocurriría llegar a un lugar y decir “yo soy gestor de cultura”.
-Claro, pero no todo “docente, investigador o músico” generó las acciones colectivas que vos hiciste en función de nuclear gente, recuperar el carnaval y las murgas o coordinar, en un momento, un área de Culturas Urbanas en un Centro Cultural tan importante como el Rojas.
- Eso puede ser.
-Hay un plus porque no todos los músicos generaron lo que vos generaste. Hay muchos músicos que dedicaron un tema a las murgas o usaron ese formato para expresarse pero no les interesó construir estrategias para recuperar y proyectar esa manifestación de la cultura popular. Tampoco a cualquier músico se le ocurre meterse a colaborar en la gestación de una Confederación de Murgas tal como lo hicimos con vos y con Juan José Tangari en el Fondo Nacional de las Artes…
-Sí puede ser. Creo que en ese tiempo fundacional era importante desarrollar una estrategia que todavía no estaba totalmente pensada, pero flotaba en el ambiente. La democracia traía aires nuevos y otras miradas sobre lo propio.
- Y vos ¿cómo te definís?
- En realidad uno con los años se va metiendo cada vez en más cosas. Ahora estoy metido con el nuevo trabajo discográfico Pacha Momo, lo estoy produciendo, bajando a tierra la idea, es decir haciendo arreglos musicales, y encarando todo lo que hay que hacer cuando estás por sacar un CD. Además siempre estoy haciendo alguna otra cosa, escribiendo... y el año que viene, que ya está cerquita, seguramente me meteré en tantas otras cosas…
-Pero simultáneamente estás a cargo en el Rojas de un área que ahora se llama….
-“Circo, Murga y Carnaval”. Es un área importante, con dos funciones: la pe-dagógica, que comprende los talleres que se desarrollan durante el año, y la programación en el área artística. En una oportunidad hablando con amigos acerca de cómo era eso de hacer gestión dentro de un centro cultural que pertenece al estado, a la Universidad de Buenos Aires, ahí tomé conciencia del periplo que había hecho porque en realidad comencé como docente de un taller, en este caso de murga, y terminé coordinando y siendo responsable de un área dedicada con mucha más amplitud a esa temática. ¿Te acordas de aquel primer seminario que hicimos juntos en 1988, “Murga, Fiesta y Cultura”, y que fue tan bien recibido y apoyado por Leopoldo Sosa Pujato? Bueno yo seguí y aquí estoy.
- Lo que generaste acá, en el Rojas, fue una movida muy grande. Pero insisto: el mes dedicado al carnaval en febrero de 2003 o cualquier otro ciclo que pensas y coordinas implica siempre pre-producción, producción, post-producción. Captar una necesidad, tener una idea para satisfacerla y poner en marcha un conjunto de estrategias para concretarla, eso es gestionar.
-Sí. Te puedo decir que estoy feliz dejando esta etapa de la murga, o mejor dicho observarla desde otra perspectiva. Ahora estoy gestionando, produciendo.
-¿Eventos?
- Básicamente el disco que es, en sí, un evento. Pero ahora incluyendo al coro, “La Matraca”. Volviendo al tema de la gestión del conocimiento, yo no sabía hacer el trabajo de dirigir un coro polifónico, digamos. Y de veterano me me-tí a estudiar solo y fueron dos años de trabajar buscando la mejor armonía, hasta que asumí ese rol que se fue construyendo en el andar. Mandándome.
- ¿Te consideras autodidacta?
- Sí.
- ¿En todo lo que haces?
-En todo. Al mismo tiempo eso tiene su costo. Me encanta la antropología, pero no hice una carrera. Pero he sido riguroso con mi formación.
-Te fuiste capacitando en talleres.
- Sí, talleres. Pero básicamente tengo un archivo muy importante, que es una alternativa muy fuerte. Uno construye un espacio de poder con la información y al mismo tiempo si uno está metido en un tipo de trabajo todo eso se va revalorizando. Cada nueva lectura del material se va complementando con una capacidad de acción cada vez mayor. Dentro de mi historia algo cla-ve fue el haber ido construyendo algo así como un entorno al carnaval y el archivo es parte de esa construcción porque los distintos materiales me permitieron no sólo ir cotejando sino también fortaleciéndome y creo que, con la documentación que logré juntar, tengo para entretenerme para el resto de mi vida. Ayer fui a dar una charla en un encuentro internacional de teatro y compartí una mesa con Carlos Fos que tiene a su cargo el archivo del Teatro General San Martín con quien coincidimos plenamente en el valor del registro y en las puertas, incluso creativas, que se abren al confrontarse con la documentación. Otro “archivero” fanático es Mauricio Kartún.
- Es algo fundamental. Un programa como Televisión Registrada te puede gustar o no, pero queda claro el capital material y simbólico que representa tener un buen archivo y, por supuesto, saber qué se quiere cuando encaras esa otra etapa tan importante que es la del montaje.
-Claro.
-Tu campo de acción es la cultura popular y la cultura alternativa ¿cómo fue el caso de tu participación en el mítico grupo La Fuente?
- Siento que con La Fuente aprendí a tener una visión más amplia de todo. Yo venía de una extracción social distinta a la de mis compañeros de grupo y el encuentro con ellos me enriqueció mucho. Yo me siento agradecido más allá de lo artístico. Nunca me hubiera imaginado a los veinte años tocar acompañado con una tabla de la India, con ukeleles o armonios. Antes de que Ricardo Onfel Brun entrara como percusionista al grupo habíamos convocado a dos músicos del Teatro Colón, Gerardo Cavanna y Jorge Lutzomhol y le contamos el mambo. Ellos nos dijeron “vengan a casa” y fuimos. Tenían cuatrocientos instrumentos; con parte de ellos definimos el sonido que queríamos. Por eso creo que La Fuente fue un aprendizaje muy enriquecedor. Y después, sí, jugué mis fichas a la murga. Para mí fue una fascinación la murga, desde que era chico. Pasados los años entendí que era el actor social del carnaval y entonces tuve que meterme a comprender el tema del carnaval y estudiarlo primero en la ciudad donde me crié y luego en otras regiones y después en distintas partes del mundo. Con esto llegué, por su-puesto, al tema de la fiesta que puede ser abordado desde la antropología, la música y todas las artes. Así fue y todo esto me lo enseñó la murga; por eso creo que cuanto más podes profundizar y ampliar tu propio tema más podes comprender los temas de los demás.
-Por ejemplo…
- Y… mi colaboración en obras de teatro con los directores Rubén Pires y Hugo Midón. El manejar o, mejor dicho, el hecho de yo contar con una “gramática del carnaval”, por decirlo así, me permitió comprender la idea de lo que ellos querían plasmar artísticamente al incluir la murga en escena. Es el entorno del carnaval el que da sentido a la murga y no al revés. Es la comprensión de esa gramática general la que permite comprender la gramática particular y actuar en consecuencia.
- ¿Cómo incide en tu quehacer, en tus búsquedas, tu infancia? Porque sos salteño.
- Si pero salteño trasplantado al año. Soy hijo de la inmigración interna y mi mamá trabajaba cama adentro, limpiaba casas. Por lo tanto tengo marca-dos los rigores, esos que generan fortaleza.
- Pero tengo entendido que hiciste un viaje a Salta en una especie de búsqueda de las raíces o algo así.
- El viaje se enmarcó en el hecho de conocer a mi viejo al que no conocía y, además, tener un acercamiento con mi bisabuela Mercedes Montial, conocida coplera de la ciudad de Salta. Por aquellos años, década del setenta, mi vida estuvo así: trabajaba como diariero en la calle Federico Lacroze y Luis María Campos, esto durante cinco años y, al mismo tiempo, estudiaba bellas artes en la Manuel Belgrano y tocaba el bajo en una banda musical y actuábamos por ejemplo en el Sheraton Hotel donde Celeste Carballo era la cantante de covers en inglés y brasilero. Así eran aquellos años…
- Ahí ya está prefigurada la síntesis de tu vida.
-Exactamente. Y al mismo tiempo laburaba los trescientos sesenta y cinco días del año. Y leía todos los diarios y conservo todos los suplementos culturales de aquella época hasta que empecé con el grupo La Fuente, a dedicar-me de lleno a la música. Pero conservo cosas increíbles.
-¿De las que tenés un orden?
-Sí. Soy un enfermo del orden. Ordeno por temas. Los suplementos cultura-les del diario La Opinión de esa época son impresionantes. Ni hablar de la revista Crisis, esa fue mi formación. Yo hice el secundario hasta tercer año. Iba al Roca en la calle Amenábar y tocaba con la banda más poderosa de música del Colegio con Tomi Gubich. En un momento el preceptor Oscar Blanco me dijo: “¿vos que haces acá?, andate a Bellas Artes”. Y le hice caso. Y para mí fue muy loco y fundamental el cambio de ambiente.
- Donde conociste a Abraham Haber…
- Sí, y lo admirábamos. En ese momento no entendíamos un carajo pero me fascinaba el modo de “descender” a lo más profundo de cada tema.
- Una gran persona; yo tomé un taller con él y, además, gestionamos algunas movidas culturales juntos.
- Sí me acuerdo años después del Congreso que hicieron sobre Antropología y Psicología de la Mitología Popular Argentina. Lo tengo grabado. Y fue de mucha utilidad para los años venideros, pues toda aquella temática aborda-da salió a la luz un tiempo después.
- Fue interesante, habría que hacer uno nuevo…
- A mí todo ese material me marcó y me abrió la cabeza.
- ¿Coco, que entendés por cultura?
- El concepto lo asocia a trabajar, no le veo otra. La vida es así. “Mi papá que me crió” es un tipo de trabajo, se levantaba a las seis de la mañana y yo trabajo desde los doce años.
- Dentro de lo que hiciste como creador, ¿cuáles serían las principales acciones que hiciste, hacia terceros, organizando?
- El evento de este año (2003), “Las andanzas de Don Carnal” en el Rojas. Fue un hito, por la amplitud que tuvo en todos sus niveles.
- Programaste un mes enteros de actividades, de las más variadas, tomando como eje justamente el Carnaval.
- Un mes. Y si voy para atrás la experiencia con la murga Los Colifatos de la Llanura en Villegas (Provincia de Buenos Aires) fue muy buena. Con ellos hicimos, entre otras cosas, esa versión murguera de Boquitas Pintadas de Manuel Puig…
- Sí, me acuerdo, esa ópera murguera como decían algunos, teatro murga como dije-ron otros o rito de paso como me pareció a mí. Sí, fue (y es) realmente excelente.
- Sí, en toda esa movida en General Villegas aparecen ideas y prácticas que enriquecen el accionar en cultura. Para mí la renovación de sangre en lo que se refiere a la acción cultural no está en la Capital Federal.
- Es interesante lo que decís.
- Todo el resto del país tiene una fuerte energía latente. Las grandes ciudades tienen tanto que no valoran justamente lo que tienen y el que está a la distancia sí. Para mí en Villegas siguen vivas las viejas ilusiones de los barrios. Para mí el interior es como un reservorio, y el país va a tener que expandir su energía y en el interior hay una energía importante para el futuro. Esta experiencia con Los Colifatos a mí me llevó a desarrollar esta cuestión. Fue realmente fascinante el proceso de creación que se llevó a cabo con ese grupo de jóvenes que en su puta vida habían escuchado o leído a Puig. Sigo creciendo y aprendiendo con esos proyectos que genero. Todo ese trabajo me enseñó mucho y amplió mi comprensión de la cultura y de las cosas. Y después, yendo un poco más atrás en el tiempo, rescato mi participación en los Encuentros de Educación por el Arte en Laprida (Provincia de Buenos Aires). Realmente es un ejemplo que un pueblo de quince mil o dieciocho mil habitantes realice durante quince años unas jornadas de arte como esas. El concepto de acción cultural se amplía al ver y al participar de movidas como esa. Mi concepto se amplió.
- Y se siguen realizando ¿no?
- Sí, y ahora me ofrecieron colaborar en la coordinación, es muy loco. Para mí fue una experiencia muy útil, entre los tantísimos alumnos que tuve en los talleres que hice estuvieron, entre otros, los muchachos que luego crearon Los Colifatos. Ahí se cumplía el proyecto del taller.
- Tuviste mucho que ver con crecimiento del movimiento murguero en la ciudad de Buenos Aires.
- Sí más que nada a través del taller del Rojas, imaginate hace alrededor de dieciséis años que estoy a cargo del mismo. (...)
-Claro, pero no todo “docente, investigador o músico” generó las acciones colectivas que vos hiciste en función de nuclear gente, recuperar el carnaval y las murgas o coordinar, en un momento, un área de Culturas Urbanas en un Centro Cultural tan importante como el Rojas.
- Eso puede ser.
-Hay un plus porque no todos los músicos generaron lo que vos generaste. Hay muchos músicos que dedicaron un tema a las murgas o usaron ese formato para expresarse pero no les interesó construir estrategias para recuperar y proyectar esa manifestación de la cultura popular. Tampoco a cualquier músico se le ocurre meterse a colaborar en la gestación de una Confederación de Murgas tal como lo hicimos con vos y con Juan José Tangari en el Fondo Nacional de las Artes…
-Sí puede ser. Creo que en ese tiempo fundacional era importante desarrollar una estrategia que todavía no estaba totalmente pensada, pero flotaba en el ambiente. La democracia traía aires nuevos y otras miradas sobre lo propio.
- Y vos ¿cómo te definís?
- En realidad uno con los años se va metiendo cada vez en más cosas. Ahora estoy metido con el nuevo trabajo discográfico Pacha Momo, lo estoy produciendo, bajando a tierra la idea, es decir haciendo arreglos musicales, y encarando todo lo que hay que hacer cuando estás por sacar un CD. Además siempre estoy haciendo alguna otra cosa, escribiendo... y el año que viene, que ya está cerquita, seguramente me meteré en tantas otras cosas…
-Pero simultáneamente estás a cargo en el Rojas de un área que ahora se llama….
-“Circo, Murga y Carnaval”. Es un área importante, con dos funciones: la pe-dagógica, que comprende los talleres que se desarrollan durante el año, y la programación en el área artística. En una oportunidad hablando con amigos acerca de cómo era eso de hacer gestión dentro de un centro cultural que pertenece al estado, a la Universidad de Buenos Aires, ahí tomé conciencia del periplo que había hecho porque en realidad comencé como docente de un taller, en este caso de murga, y terminé coordinando y siendo responsable de un área dedicada con mucha más amplitud a esa temática. ¿Te acordas de aquel primer seminario que hicimos juntos en 1988, “Murga, Fiesta y Cultura”, y que fue tan bien recibido y apoyado por Leopoldo Sosa Pujato? Bueno yo seguí y aquí estoy.
- Lo que generaste acá, en el Rojas, fue una movida muy grande. Pero insisto: el mes dedicado al carnaval en febrero de 2003 o cualquier otro ciclo que pensas y coordinas implica siempre pre-producción, producción, post-producción. Captar una necesidad, tener una idea para satisfacerla y poner en marcha un conjunto de estrategias para concretarla, eso es gestionar.
-Sí. Te puedo decir que estoy feliz dejando esta etapa de la murga, o mejor dicho observarla desde otra perspectiva. Ahora estoy gestionando, produciendo.
-¿Eventos?
- Básicamente el disco que es, en sí, un evento. Pero ahora incluyendo al coro, “La Matraca”. Volviendo al tema de la gestión del conocimiento, yo no sabía hacer el trabajo de dirigir un coro polifónico, digamos. Y de veterano me me-tí a estudiar solo y fueron dos años de trabajar buscando la mejor armonía, hasta que asumí ese rol que se fue construyendo en el andar. Mandándome.
- ¿Te consideras autodidacta?
- Sí.
- ¿En todo lo que haces?
-En todo. Al mismo tiempo eso tiene su costo. Me encanta la antropología, pero no hice una carrera. Pero he sido riguroso con mi formación.
-Te fuiste capacitando en talleres.
- Sí, talleres. Pero básicamente tengo un archivo muy importante, que es una alternativa muy fuerte. Uno construye un espacio de poder con la información y al mismo tiempo si uno está metido en un tipo de trabajo todo eso se va revalorizando. Cada nueva lectura del material se va complementando con una capacidad de acción cada vez mayor. Dentro de mi historia algo cla-ve fue el haber ido construyendo algo así como un entorno al carnaval y el archivo es parte de esa construcción porque los distintos materiales me permitieron no sólo ir cotejando sino también fortaleciéndome y creo que, con la documentación que logré juntar, tengo para entretenerme para el resto de mi vida. Ayer fui a dar una charla en un encuentro internacional de teatro y compartí una mesa con Carlos Fos que tiene a su cargo el archivo del Teatro General San Martín con quien coincidimos plenamente en el valor del registro y en las puertas, incluso creativas, que se abren al confrontarse con la documentación. Otro “archivero” fanático es Mauricio Kartún.
- Es algo fundamental. Un programa como Televisión Registrada te puede gustar o no, pero queda claro el capital material y simbólico que representa tener un buen archivo y, por supuesto, saber qué se quiere cuando encaras esa otra etapa tan importante que es la del montaje.
-Claro.
-Tu campo de acción es la cultura popular y la cultura alternativa ¿cómo fue el caso de tu participación en el mítico grupo La Fuente?
- Siento que con La Fuente aprendí a tener una visión más amplia de todo. Yo venía de una extracción social distinta a la de mis compañeros de grupo y el encuentro con ellos me enriqueció mucho. Yo me siento agradecido más allá de lo artístico. Nunca me hubiera imaginado a los veinte años tocar acompañado con una tabla de la India, con ukeleles o armonios. Antes de que Ricardo Onfel Brun entrara como percusionista al grupo habíamos convocado a dos músicos del Teatro Colón, Gerardo Cavanna y Jorge Lutzomhol y le contamos el mambo. Ellos nos dijeron “vengan a casa” y fuimos. Tenían cuatrocientos instrumentos; con parte de ellos definimos el sonido que queríamos. Por eso creo que La Fuente fue un aprendizaje muy enriquecedor. Y después, sí, jugué mis fichas a la murga. Para mí fue una fascinación la murga, desde que era chico. Pasados los años entendí que era el actor social del carnaval y entonces tuve que meterme a comprender el tema del carnaval y estudiarlo primero en la ciudad donde me crié y luego en otras regiones y después en distintas partes del mundo. Con esto llegué, por su-puesto, al tema de la fiesta que puede ser abordado desde la antropología, la música y todas las artes. Así fue y todo esto me lo enseñó la murga; por eso creo que cuanto más podes profundizar y ampliar tu propio tema más podes comprender los temas de los demás.
-Por ejemplo…
- Y… mi colaboración en obras de teatro con los directores Rubén Pires y Hugo Midón. El manejar o, mejor dicho, el hecho de yo contar con una “gramática del carnaval”, por decirlo así, me permitió comprender la idea de lo que ellos querían plasmar artísticamente al incluir la murga en escena. Es el entorno del carnaval el que da sentido a la murga y no al revés. Es la comprensión de esa gramática general la que permite comprender la gramática particular y actuar en consecuencia.
- ¿Cómo incide en tu quehacer, en tus búsquedas, tu infancia? Porque sos salteño.
- Si pero salteño trasplantado al año. Soy hijo de la inmigración interna y mi mamá trabajaba cama adentro, limpiaba casas. Por lo tanto tengo marca-dos los rigores, esos que generan fortaleza.
- Pero tengo entendido que hiciste un viaje a Salta en una especie de búsqueda de las raíces o algo así.
- El viaje se enmarcó en el hecho de conocer a mi viejo al que no conocía y, además, tener un acercamiento con mi bisabuela Mercedes Montial, conocida coplera de la ciudad de Salta. Por aquellos años, década del setenta, mi vida estuvo así: trabajaba como diariero en la calle Federico Lacroze y Luis María Campos, esto durante cinco años y, al mismo tiempo, estudiaba bellas artes en la Manuel Belgrano y tocaba el bajo en una banda musical y actuábamos por ejemplo en el Sheraton Hotel donde Celeste Carballo era la cantante de covers en inglés y brasilero. Así eran aquellos años…
- Ahí ya está prefigurada la síntesis de tu vida.
-Exactamente. Y al mismo tiempo laburaba los trescientos sesenta y cinco días del año. Y leía todos los diarios y conservo todos los suplementos culturales de aquella época hasta que empecé con el grupo La Fuente, a dedicar-me de lleno a la música. Pero conservo cosas increíbles.
-¿De las que tenés un orden?
-Sí. Soy un enfermo del orden. Ordeno por temas. Los suplementos cultura-les del diario La Opinión de esa época son impresionantes. Ni hablar de la revista Crisis, esa fue mi formación. Yo hice el secundario hasta tercer año. Iba al Roca en la calle Amenábar y tocaba con la banda más poderosa de música del Colegio con Tomi Gubich. En un momento el preceptor Oscar Blanco me dijo: “¿vos que haces acá?, andate a Bellas Artes”. Y le hice caso. Y para mí fue muy loco y fundamental el cambio de ambiente.
- Donde conociste a Abraham Haber…
- Sí, y lo admirábamos. En ese momento no entendíamos un carajo pero me fascinaba el modo de “descender” a lo más profundo de cada tema.
- Una gran persona; yo tomé un taller con él y, además, gestionamos algunas movidas culturales juntos.
- Sí me acuerdo años después del Congreso que hicieron sobre Antropología y Psicología de la Mitología Popular Argentina. Lo tengo grabado. Y fue de mucha utilidad para los años venideros, pues toda aquella temática aborda-da salió a la luz un tiempo después.
- Fue interesante, habría que hacer uno nuevo…
- A mí todo ese material me marcó y me abrió la cabeza.
- ¿Coco, que entendés por cultura?
- El concepto lo asocia a trabajar, no le veo otra. La vida es así. “Mi papá que me crió” es un tipo de trabajo, se levantaba a las seis de la mañana y yo trabajo desde los doce años.
- Dentro de lo que hiciste como creador, ¿cuáles serían las principales acciones que hiciste, hacia terceros, organizando?
- El evento de este año (2003), “Las andanzas de Don Carnal” en el Rojas. Fue un hito, por la amplitud que tuvo en todos sus niveles.
- Programaste un mes enteros de actividades, de las más variadas, tomando como eje justamente el Carnaval.
- Un mes. Y si voy para atrás la experiencia con la murga Los Colifatos de la Llanura en Villegas (Provincia de Buenos Aires) fue muy buena. Con ellos hicimos, entre otras cosas, esa versión murguera de Boquitas Pintadas de Manuel Puig…
- Sí, me acuerdo, esa ópera murguera como decían algunos, teatro murga como dije-ron otros o rito de paso como me pareció a mí. Sí, fue (y es) realmente excelente.
- Sí, en toda esa movida en General Villegas aparecen ideas y prácticas que enriquecen el accionar en cultura. Para mí la renovación de sangre en lo que se refiere a la acción cultural no está en la Capital Federal.
- Es interesante lo que decís.
- Todo el resto del país tiene una fuerte energía latente. Las grandes ciudades tienen tanto que no valoran justamente lo que tienen y el que está a la distancia sí. Para mí en Villegas siguen vivas las viejas ilusiones de los barrios. Para mí el interior es como un reservorio, y el país va a tener que expandir su energía y en el interior hay una energía importante para el futuro. Esta experiencia con Los Colifatos a mí me llevó a desarrollar esta cuestión. Fue realmente fascinante el proceso de creación que se llevó a cabo con ese grupo de jóvenes que en su puta vida habían escuchado o leído a Puig. Sigo creciendo y aprendiendo con esos proyectos que genero. Todo ese trabajo me enseñó mucho y amplió mi comprensión de la cultura y de las cosas. Y después, yendo un poco más atrás en el tiempo, rescato mi participación en los Encuentros de Educación por el Arte en Laprida (Provincia de Buenos Aires). Realmente es un ejemplo que un pueblo de quince mil o dieciocho mil habitantes realice durante quince años unas jornadas de arte como esas. El concepto de acción cultural se amplía al ver y al participar de movidas como esa. Mi concepto se amplió.
- Y se siguen realizando ¿no?
- Sí, y ahora me ofrecieron colaborar en la coordinación, es muy loco. Para mí fue una experiencia muy útil, entre los tantísimos alumnos que tuve en los talleres que hice estuvieron, entre otros, los muchachos que luego crearon Los Colifatos. Ahí se cumplía el proyecto del taller.
- Tuviste mucho que ver con crecimiento del movimiento murguero en la ciudad de Buenos Aires.
- Sí más que nada a través del taller del Rojas, imaginate hace alrededor de dieciséis años que estoy a cargo del mismo. (...)
2000. Con las murgas, todo el año es Carnaval por Javier Firpo.Artículo y citas de Coco Romero.
CON LAS MURGAS, TODO EL AÑOS CARNAVAL
El artículo analiza el resurgimiento de las murgas en los barrios de Buenos Aires, destacando que para el año 2000 ya se contabilizaban más de cinco mil murgueros distribuidos en ochenta agrupaciones, un crecimiento exponencial frente a las diez que existían en 1990. Esta manifestación es descrita no solo como una fiesta, sino como un espacio de autogestión, crítica social y protesta divertida que permite la participación de personas de todas las edades y sectores sociales. A continuación, los comentarios y visiones de Coco Romero, a quien el artículo define como músico, titiritero, estudioso del género y "murgólogo":
Potencial artístico: Romero sostiene que lo más interesante es el "movimiento artístico importante" que se genera en torno al carnaval, donde conviven elementos plásticos, poéticos, musicales y visuales.
Visión del espectáculo: Expresa su deseo de que los distintos grupos realicen una "única marcha por la ciudad, un corso a contramano".
Análisis del crecimiento: Opina que la novedad actual no radica en la existencia de las murgas en sí, sino en la gran cantidad que han surgido en toda la zona metropolitana.
Perfil de los integrantes: Observa una tendencia marcada por la formación de murgas integradas por jóvenes de entre quince y treinta años que buscan formas alternativas de esparcimiento.
Cambio sociológico: Identifica que la diferencia fundamental entre las murgas modernas y las de décadas pasadas es la incorporación de la mujer y de la clase media al movimiento.
En síntesis, el texto presenta a la murga como un fenómeno social fuerte y un arte independiente que ha recuperado su fuerza en los barrios tradicionales, funcionando como un espacio de "gimnasia democrática" donde se rompen barreras de edad y conocimiento previo. El resurgimiento también se vincula con la aparición de talleres, como los del Centro Cultural Ricardo Rojas, que han impulsado la creación de nuevas agrupaciones fuera del ámbito estrictamente barrial.
El Centro Cultural Ricardo Rojas desempeñó un papel fundamental como impulsor de una nueva corriente dentro del movimiento murguero en Buenos Aires. Su influencia se manifestó principalmente a través de la creación de talleres que permitieron el surgimiento de agrupaciones que no nacieron directamente en los barrios tradicionales.
De acuerdo con las fuentes, esta es la forma en que influyó en el movimiento:
- Cuna de nuevas agrupaciones: Del impulso del Rojas surgieron murgas hoy reconocidas como "Los Quitapenas", "Envasados de origen", "Traficante de matracas", "Acalambrados de las patas" y "Gambeteando el empedrado".
- Fomento de los talleres: El Rojas fue pionero en una tendencia donde la murga se empezó a enseñar en ámbitos académicos o culturales; se estima que de los veinte talleres de murga existentes en la ciudad en ese momento, quince agrupaciones se originaron a partir de ellos.
- Cambio en el perfil del murguero: Esta modalidad permitió la incorporación de la clase media al movimiento, integrando a jóvenes que "aprendieron en un aula con libros y pizarrón".
- Diferencias con la murga tradicional: La influencia de los talleres generó una distinción entre las "murgas de barrio" y las "de taller". Las agrupaciones surgidas de espacios como el Rojas suelen ser más pequeñas (no superan los cincuenta integrantes, frente a los cien de las barriales) y poseen un enfoque que algunos consideran "más didáctico", aunque buscan conectar con el "sabor y rigor de la calle".
- Tensión y síntesis cultural: Inicialmente, los sectores más tradicionales de la murga resistieron a estos nuevos grupos surgidos de los talleres. Sin embargo, se observa una síntesis entre ambas corrientes, entendiendo que el fenómeno cultural requiere tanto de la tradición barrial como de la renovación que aportan estos nuevos espacios.
En definitiva, el Centro Cultural Ricardo Rojas fue el motor que permitió que la murga trascendiera su ámbito original, convirtiéndola en un espacio de "gimnasia democrática" y expresión artística accesible para nuevos sectores sociales.
1989. FIESTA EN LA BOCA recuperando el Carnaval en La Boca. AFICHE: Omar Gasparini.
FIESTA EN LA BOCA recuperando el Carnaval
en La Boca.
“En el año 1989 durante la gestión de Horacio Salas como Secretario de Cultura de la Municipalidad de Buenos Aires, fui convocado por Adolfo Rimedio de la Dirección de Acción Cultural a trabajar en un proyecto de recuperación del Carnaval Porteño, con un equipo interdiciplinario entre ellos: Jorge Aimeta (teatro) , Marino Santa Marina (artes plásticas) , Adhemar Bianchi (teatro-comunitario) , Mario López (cine). A partir de la coordinación de reuniones con instituciones y personajes carnavaleros del barrio de la Boca, organizamos dos eventos en 1989 y 1990. Afiche realizado por Omar Gasparini del festejo de 1989.
jueves, 16 de julio de 2026
1995. Coco Romero. Tres ejes: La docencia como tallerista- La investigación- Lo artístico.
1995
Al año siguiente de la salida de mi primer CD solista, "Murga, vuelo brujo", comienzo el 7º año de talleres de murga en el Rojas y con resultados concretos. Sale el primer número de "El Corsito", la publicación dedicada a divulgar la murga y el Carnaval (1995-2015), y las murgas surgidas del taller empiezan a difundir la idea, cada una con su estilo: Los Quitapenas (1990-1993), Traficantes de Matracas (1994) y el comienzo de mis salidas solistas con el espectáculo "El Carnavalero".
Ahí ya estaban presentes los tres ejes que me interesaba proyectar: la docencia como tallerista, la investigación y lo artístico. Esa triada es la que me permitiría desarrollar la idea en los años posteriores.
Como un corso a contramano.
Al año siguiente de la salida de mi primer CD solista, "Murga, vuelo brujo", comienzo el 7º año de talleres de murga en el Rojas y con resultados concretos. Sale el primer número de "El Corsito", la publicación dedicada a divulgar la murga y el Carnaval (1995-2015), y las murgas surgidas del taller empiezan a difundir la idea, cada una con su estilo: Los Quitapenas (1990-1993), Traficantes de Matracas (1994) y el comienzo de mis salidas solistas con el espectáculo "El Carnavalero".
Ahí ya estaban presentes los tres ejes que me interesaba proyectar: la docencia como tallerista, la investigación y lo artístico. Esa triada es la que me permitiría desarrollar la idea en los años posteriores.
Como un corso a contramano.
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