LA MURGA. Un movimiento vital por Coco Romero. Rev. Fervor de Bs. As., 2000.
LA MURGA
UN MOVIMIENTO VITAL por Coco Romero
En la última década, la murga se ha constituido en el cuerpo que motoriza con entusiasmo a miles de jóvenes a participar en la búsqueda de un lugar distinto. Este gran movimiento murguero se sigue afianzando; personas de distintas generaciones, orígenes y estilos confluyen en agrupaciones extendidas a lo ancho de la Ciudad. Han contribuido al restablecimiento del despertar, un complejo mosaico de elementos que repasamos en las siguientes líneas.
Los estímulos que han reimpulsado a la murga como una convocatoria multitudinaria y espontanea son muchos y resisten distintos análisis. Por empezar, digamos que ha contribuido la permanencia de una buena cantidad de murgas tradicionales, que sin tener una continuidad en el tiempo - en actuaciones- mantuvieron su unión a pesar de todo, a esto se suman los talleres de murga (término aún no discutido ni reflexionado) artistas de distintas disciplinas; sobre todo provenientes del teatro, grupos de música
de gran convocatoria en la juventud que han tomado ritmos y elementos propios del género murguero y la estética de lo carnavalesco, músicos que se incorporaron la poética del carnaval, sectores de la cultura, políticas barriales que han visto con buenos ojos la energía y las posibilidades de esta movida, el entusiasmo por la pertenencia, la incorporación de los sectores medios de la comunidad a un fenómeno que no le era propio, la inserción de la mujer en forma masiva e inédita, la introducción del tema en los distintos niveles de la educación, la recuperación histórica del cuerpo como un vehículo de ex-presión a través de esta danza callejera, el bombo con platillo, símbolo auténtico de las viejas agrupaciones de esta ciudad, los parches, como forma de comunicación, el placer de tocar, y los medios masivos de comunicación como caja de resonancia de la actividad.
Este espacio olvidado cuya fuerza y contundencia reúne, mística, encanto y pone el cuerpo, ha sido recuperado por las nuevas generaciones; en otras palabras hay una buena plataforma, como punto de partida para la nueva etapa.
Murga; pirueta alocada de los pobres
No se ha escrito demasiado sobre la historia de la murga, contados son los trabajos al respecto. Tengo en el recuerdo una crónica periodística cedida por el ya desaparecido investigador teatral Teodoro Klein, donde un periodista en 1880 contaba de la aparición de un pequeño grupo de españoles, que recorrían nuestras calles haciendo murga, cantando y bailando, lo que me llamó la atención fue el remate de aquel artículo: Esto será una plaga, interesante visión casi cien años más tarde, y teniendo frente a nuestros ojos la plaga... Por otro lado, algo distinto comenzó a gestarse desde los arrabales en los comienzos de 1900, lejos de los suntuosos trajes de los jóvenes acomodados porteños, los chicos del suburbio, juntaban todo lo que encontraban por la calle para vestirse de arpillera y participar ellos también de los días del Carnaval. Estas murgas primitivas de niños, tenían como punto de partida el juego en la calle en los días de Momo, como algo natural. Había nacido la murga, con nuevos actores.
La fiesta de pobrerío.
La Real Academia Española acuño en 1884 en el diccionario lo que llega a nuestros días y lo define de esta manera. Conjunto de músicos malos que salen en los días festivos a cantar con el pretexto de juntar unas; La semillita de la murga prendió en cada lugar de una forma distinta, y se la puede localizar en cuantos pueblos existen, la murga es lo que va y viene a través de los puertos, lo que lleva y trae el agua, lo que va y vuelve transforma-do y en constante cambio, asimilando y apropiándose de todo lo que está alrededor, como un gran fagositador, la constante asimilación de lo que suene cerca o este a la vista: canciones, melodías, gestos, disfraces, noticias, todo va a parar a la murga y se transforma.
Al carnaval de Comparsas, Orfeones, Rondallas que ensayaban con buena anticipación, apareció esa murga desordenada, donde todos podían participar. Enrique González Tuñón, en la década de 20, en el libro «Tangos» decía: El carnaval apareció en el suburbio vestido de arpillera. Una murga rante, constituida por los herederos del compadraje, le salió al encuentro en las latas vacías una copla picaresca aprendida en el suburbio. Las murgas primitivas, tenían seis u ocho integrantes donde el baile y la parodia tenían su asociación al espacio lúdico, sus cantos eran del repertorio de la tradición oral, textos eróticos, e ingenuos; el folklore prohibido de entonces, transmitido por mayores que cultivaban la bohemia, o escuchados al pasar en alguna reunión de mayo-res. La murga es la pirueta alocada, los saltos acrobáticos el plano de la igual-dad en los días de la fiesta; una ley del festejo.
Durante el Carnaval, fiesta algo adormecida, en nuestra ciudad, a murga sale a la luz como puede. Su resonancia responde también a que ella cumple dentro de la historia de la ciudad, del folklore de la urbe, un periplo de más de cien años, rebrota como un ser adormecido que recupera sus rituales, adueñando se del espacio público.
En todo país donde se desarrolló el Carnaval, han confluido un conjunto de artes, disciplinas
aprendizajes; la creatividad como el gran motor.
Si el Carnaval pudiese instalarse como el gran teatro de la calle ¿por qué no abrir una amplia
convocatoria a todas las áreas artísticas y poéticas de la ciudad? Allí hay espacio para concursos de afiches, marchas de carrozas alegóricas, muñecos gigantes, farsas, parodias, canto comunitario, grandes bailes en la calle, disfraces, y un gran concurso de murgas, con una buena normativa, y tiempo para que todos los grupos puedan presentar sus nuevas propuestas. Poetas, diseñadores, plásticos, creativos, actores, músicos, cantores el gran teatro sin paredes esperan la construcción de una fiesta distinta. Este espacio se puede lograr.
Murgas y talleres
La murga es un grupo que se junta detrás de un color, de una identidad común, el barrio, la amistad, ideales, sintonías artísticas, recupera calles que en otras décadas tenía. Miles de murgueros se volcarán a las calles a danzar y cantar, en el efímero reino de Momo, que volverá a dar su vuelta por nuestra ciudad. Ojalá cuando vuelva el próximo año, el movimiento y la fiesta sigan desarrollándose, y convoquen a todos los que tengan ganas, y puedan convivir en el espacio público todas las expresiones artísticas de nuestra gente, que todos sean protagonistas y actores, además de mirarlo por televisión.
Hace más de diez años, cuando comencé a darle forma a la idea de los talleres, era común escuchar rechazos contra la actividad. Hoy, aquella propuesta, junto con la actividad, se ha desparramado por la Ciudad y ya forma parte de lo cotidiano, de un movimiento participativo por excelencia. Un movimiento sin dueño, por suerte.
*Coco Romero es músico, docente e investigador del carnaval. Coordina el área Culturas Populares del Centro Cultural Ricardo Rojas, dependiente de la U.B.A.
No se ha escrito demasiado sobre la historia de la murga, contados son los trabajos al respecto. Tengo en el recuerdo una crónica periodística cedida por el ya desaparecido investigador teatral Teodoro Klein, donde un periodista en 1880 contaba de la aparición de un pequeño grupo de españoles, que recorrían nuestras calles haciendo murga, cantando y bailando, lo que me llamó la atención fue el remate de aquel artículo: Esto será una plaga, interesante visión casi cien años más tarde, y teniendo frente a nuestros ojos la plaga... Por otro lado, algo distinto comenzó a gestarse desde los arrabales en los comienzos de 1900, lejos de los suntuosos trajes de los jóvenes acomodados porteños, los chicos del suburbio, juntaban todo lo que encontraban por la calle para vestirse de arpillera y participar ellos también de los días del Carnaval. Estas murgas primitivas de niños, tenían como punto de partida el juego en la calle en los días de Momo, como algo natural. Había nacido la murga, con nuevos actores.
La fiesta de pobrerío.
La Real Academia Española acuño en 1884 en el diccionario lo que llega a nuestros días y lo define de esta manera. Conjunto de músicos malos que salen en los días festivos a cantar con el pretexto de juntar unas; La semillita de la murga prendió en cada lugar de una forma distinta, y se la puede localizar en cuantos pueblos existen, la murga es lo que va y viene a través de los puertos, lo que lleva y trae el agua, lo que va y vuelve transforma-do y en constante cambio, asimilando y apropiándose de todo lo que está alrededor, como un gran fagositador, la constante asimilación de lo que suene cerca o este a la vista: canciones, melodías, gestos, disfraces, noticias, todo va a parar a la murga y se transforma.
Al carnaval de Comparsas, Orfeones, Rondallas que ensayaban con buena anticipación, apareció esa murga desordenada, donde todos podían participar. Enrique González Tuñón, en la década de 20, en el libro «Tangos» decía: El carnaval apareció en el suburbio vestido de arpillera. Una murga rante, constituida por los herederos del compadraje, le salió al encuentro en las latas vacías una copla picaresca aprendida en el suburbio. Las murgas primitivas, tenían seis u ocho integrantes donde el baile y la parodia tenían su asociación al espacio lúdico, sus cantos eran del repertorio de la tradición oral, textos eróticos, e ingenuos; el folklore prohibido de entonces, transmitido por mayores que cultivaban la bohemia, o escuchados al pasar en alguna reunión de mayo-res. La murga es la pirueta alocada, los saltos acrobáticos el plano de la igual-dad en los días de la fiesta; una ley del festejo.
Durante el Carnaval, fiesta algo adormecida, en nuestra ciudad, a murga sale a la luz como puede. Su resonancia responde también a que ella cumple dentro de la historia de la ciudad, del folklore de la urbe, un periplo de más de cien años, rebrota como un ser adormecido que recupera sus rituales, adueñando se del espacio público.
En todo país donde se desarrolló el Carnaval, han confluido un conjunto de artes, disciplinas
aprendizajes; la creatividad como el gran motor.
Si el Carnaval pudiese instalarse como el gran teatro de la calle ¿por qué no abrir una amplia
convocatoria a todas las áreas artísticas y poéticas de la ciudad? Allí hay espacio para concursos de afiches, marchas de carrozas alegóricas, muñecos gigantes, farsas, parodias, canto comunitario, grandes bailes en la calle, disfraces, y un gran concurso de murgas, con una buena normativa, y tiempo para que todos los grupos puedan presentar sus nuevas propuestas. Poetas, diseñadores, plásticos, creativos, actores, músicos, cantores el gran teatro sin paredes esperan la construcción de una fiesta distinta. Este espacio se puede lograr.
Murgas y talleres
La murga es un grupo que se junta detrás de un color, de una identidad común, el barrio, la amistad, ideales, sintonías artísticas, recupera calles que en otras décadas tenía. Miles de murgueros se volcarán a las calles a danzar y cantar, en el efímero reino de Momo, que volverá a dar su vuelta por nuestra ciudad. Ojalá cuando vuelva el próximo año, el movimiento y la fiesta sigan desarrollándose, y convoquen a todos los que tengan ganas, y puedan convivir en el espacio público todas las expresiones artísticas de nuestra gente, que todos sean protagonistas y actores, además de mirarlo por televisión.
Hace más de diez años, cuando comencé a darle forma a la idea de los talleres, era común escuchar rechazos contra la actividad. Hoy, aquella propuesta, junto con la actividad, se ha desparramado por la Ciudad y ya forma parte de lo cotidiano, de un movimiento participativo por excelencia. Un movimiento sin dueño, por suerte.
*Coco Romero es músico, docente e investigador del carnaval. Coordina el área Culturas Populares del Centro Cultural Ricardo Rojas, dependiente de la U.B.A.




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